martes, 10 de enero de 2012

Tu y solo tu.

Quizás sea tanto cariño, o simplemente el hecho de que nunca he compartido esta cama con otra persona ( ni nunca la voy a compartir). Pero estar aquí, en casa, ya no es lo mismo.
Parece que quiero estar colgado de ti, que con solo verte me basta. Pero ya no te conozco, apenas veo en tus ojos a esa persona que aún me quiere. Te noto lejos e intento aceptarlo, pero cuando vuelvo aquí, vuelvo a caer.
¿que es peor?¿ver como desaparezco de tu mirada? o ¿echarte de menos, desde casa, desde donde te abrí, como nunca antes había hecho con nadie, mi casa, mi hogar, mi cama?
He aprendido a no buscarte, a no caer en la melancolía de tu rastro, perseguirte sin que nadie lo note, haciendo que parezca cosa de la continua rutina, del falso azar. Ahora, eso es lo que ya nunca hago, pero parece que el rebufo mental de tu ausencia es más difícil de esquivar.
Sé que yo soy mis pensamientos, soy lo que pienso. Entonces ¿como voy a controlar lo que pienso? ¿como voy a dejar de pensar en ti?
No vale que mienta, que me mienta. Que vaya diciendo que buscaré otra cosa, que no haré por verte. Siempre estarás en mi cabeza, estarás ahí dentro, dentro de mi cráneo vacío y, cuando mis pensamientos tropiecen en ti, volverá a aparecer tu imagen, nítida y clara, como aquella noche en Granada, cuando en vez de darte un beso, te dí un mordisquito en la cara.

Aunque...tu ya no existes. Pensándolo bien, solo eres la funda de lo que un día llamé amor. Solo eres el recuerdo. Solo si vuelves, podré ser el mismo yo.

sábado, 7 de enero de 2012

Libertad

...esa sensación, tumbado en el sofá, en el sofá donde solo cabe uno. Con la espalda pegada al respaldo, las piernas en paralelo al reposabrazos izquierdo y contigo entre mis brazos. Tus piernas hacen un puente sobre las mías y se apoyan sobre dicho reposabrazos. Mi brazo derecho esta justo bajo de tu espalda y mi otro brazo descansa sobre tu tripa.
Pero eso es solo el comienzo. Lo mejor es mi cabeza, apoyada entre tu hombro y tu cuello, respirando hacia tu barbilla y poder darte un beso con un sutil movimiento de labios. No poder moverse pero sentir, porque no quiero moverme, la libertad.

Ahora, en este mismo sofá, que difícil es olvidarme de tu libertad. Que claustrofobia al moverme, buscándote, sin poder darte el beso que llevo guardándote tanto tiempo.